Ah sí, imágenes en blanco y negro. A eso los tengo acostumbrados.
Hoy soy una mujer triste que intenta subir el estado de ánimo con un poco de maquillaje y una camisa hindú.
La planta de mi casa, con su follaje, contradice mi teoría. Insiste en que estoy feliz, solo que no sonrío. Y es cierto, no lo hago. En ningún autorretrato sonrío. Quizás porque no me gustan mis dientes: tuve frenillos a los trece y no funcionaron; me sacaron las cordales a los veinte con un método medieval y, en plena pandemia, tuve que ir a que me pusieran una corona.
Sonrío con los ojos y vuelvo a contradecirme. Exponerme al color es someterme a una fotografía más. Difuminarme es esconderme en una fotografía menos.
He llegado a ti de las dos maneras y sigo sintiéndome más cómoda con la segunda. Quizás los colores no existan. Tampoco hacen falta. En blanco y negro el color lo pones tú.


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