Las flores sobre el cojín te van a devorar entera. Que no digas que no te lo advertí. Vamos, no me mires así, ese reojo no te luce, pregúntame más bien para dónde vamos ahora. ¿Cómo así que no quieres salir? ¿Ahora por qué? Ah no, ese cuentico del tráfico no te lo creo porque el que conduce soy yo.
La pereza te come una vez estás en casa. Odio cuando te pones las pantuflas de día porque es una declaración siniestra de tu voluntad.
Pero mira que hoy hay rebajas, que podemos comprar la carne más barata en el supermercado y hasta el salmón sale favorable. Ah, ya sé por qué no quieres, porque el que cocina también soy yo.
Te tengo muy mal acostumbrada, desde que decidí ser el amo de casa estas son las consecuencias que no preví. Después de cenar, te pones a ver televisión y no me conversas ni un poquito.
Para ser honesto no sé cómo seguir así...pero te amo mujer, no importa que no abandones el cojín, que elijas las pantuflas y no me acompañes de compras. El salmón siempre podrá esperar si me dices cuando al arroz le falta sal o si el jugo está muy dulce para ti.





