viernes, 31 de julio de 2026

La puerta del cielo


 ¿Quién esta puerta se encontraba escondida en la parte lateral de un colegio? Durante tres años visité Carepa y la puerta seguia igual. Nunca se abrió, soportó lluvia, sol, poca sombra y aún así arbustos crecieron junto a ella. Abrirla era tan sencillo como correr una manilla. Creo que nunca tuvo llave. Del otro lado caían las iguanas y las burlas de la calle. 

Su verde y su azul me causaban una curiosidad inmensa pero nunca tuve el valor para bajar unos cuantos escalones y acercarme. Senía que profanaba algo muy íntimo. 

No regresé, pero la puerta se vino conmigo. Hoy la encontré buscando en mis archivos y me preguntó si seguirá ahí. Si el colegio decidió darle otro uso a su salida ¿o sí sería una entrada? Digamos que ambas.

El afuera

Vamos a concentrarnos en el afuera. Con mi escasa experiencia en fotografía voy a incluir elementos cotidianos: un paisaje, un hidrante, un cable de luz, una edificio, un balcón, la mansión de los gatos del primer piso, una moto vestida, un tejado...

No les garantizo que el experimento vaya a funcionar, pero creo que podemos lograr algo interesante juntos. 

En esta fotografía lo importante no soy yo sino los árboles que hay detrás con sus cientos de años de historia en un viaje a Moscú muy cerca de la Plaza Roja. Creo que tenía las manos abiertas en señal de apertura. 

Hoy iré hasta donde mi movilidad me lo permita, pero con suerte retrataré una de las guacharacas que se posan sobre un árbol que también visito con frecuencia. 

Los números repetidos de las placas de los carros siempre me han llamado la atención y precisamente hay un 333 parqueado abajo. ¡Ese si no podré mostrarlo!




 

miércoles, 22 de julio de 2026

Las pantuflas y el cojín

 

Las flores sobre el cojín te van a devorar entera. Que no digas que no te lo advertí. Vamos, no me mires así, ese reojo no te luce, pregúntame más bien para dónde vamos ahora. ¿Cómo así que no quieres salir? ¿Ahora por qué? Ah no, ese cuentico del tráfico no te lo creo porque el que conduce soy yo.

La pereza te come una vez estás en casa. Odio cuando te pones las pantuflas de día porque es una declaración siniestra de tu voluntad.

Pero mira que hoy hay rebajas, que podemos comprar la carne  más barata en el supermercado y hasta el salmón sale favorable. Ah, ya sé por qué no quieres, porque el que cocina también soy yo.

Te tengo muy mal acostumbrada, desde que decidí ser el amo de casa estas son las consecuencias que no preví.  Después de cenar, te pones a ver televisión y no me conversas ni un poquito. 

Para ser honesto no sé cómo seguir así...pero te amo mujer, no importa que no abandones el cojín, que elijas las pantuflas y no me acompañes de compras. El salmón siempre podrá esperar si me dices cuando al arroz le falta sal o si el jugo está muy dulce para ti.  

jueves, 16 de julio de 2026

Love is blue

 


Es jueves. El fin de semana apenas se asoma y, como para mí todos los días son iguales, hoy quise levantarme tarde. Me preparé un desayuno-almuerzo y luego tomé café; como quien dice, a la inversa.

Hoy tocaba lavarse el cabello y disfruto esos minutos de más que debo permanecer bajo la ducha porque, si no, toca usar gorro, y ese no me gusta. Mi cabello ha crecido mucho, pero aún no sé cómo manejarlo. Mi carita redonda me recuerda a la de mi madre, con quien, por cierto, soñé hace unos días. La vi acariciándome los pies al borde de la cama, con esa ternura tan suya que, al despertar, tuve la sensación de que seguía aquí.

Entonces volvieron tantos detalles suyos: sus pies inquietos, el rojo intenso de su esmalte, su fascinación por Paul Mauriat, la ternura con que me decía "Mimi" o "la crispetera", porque siempre estaba creando algo.

Recuerdo ese gesto que hacía con la boca cuando desaprobaba algo y no encontraba fácil decir que no. Siempre estaba abierta a escuchar mis historias, mis desamores, mis amores, mis ilusiones. Se limitaba a oírme con cierto asombro y una inquietud silenciosa frente a mis osadías.

Amó tanto a papá que olvidó amarse a sí misma. No sé qué veía cuando se miraba al espejo, pero sé que su alma conservó siempre la ingenuidad de una niña.

Si estuviera conmigo, estaríamos conversando acerca de este blog, de la novela en curso, y me daría ánimo para enfrentar lo neurológico. Me gusta pensar que sigue haciéndolo desde donde esté, cada vez que soy yo quien se mira al espejo.


Love is blue


lunes, 13 de julio de 2026

Un duelo con jardín

¿Quién diría que este jardín fue parte de un duelo? Había muerto mi madre. Y aunque sospechaba que eran sus últimas semanas, viajé, no una, si no dos veces. Regresé descompuesta, adolorida, sin tener un Santo claro hacia quién dirigir mis súplicas.

 Pensaba que San Miguel ya había tenido suficiente tiempo sosteniendo la cabeza de Satanás y que por un instante podían cambiar de roles, porque así podía tener sentido mi dolor.

El jardín de la clínica era en un clima frío, sin embargo daba flores en sus canastas y sus rincones. Cuando me asomaba por la ventana, podía ver la luz del sol. Una pequeña biblioteca apenas si daba para distraer a los pacientes que podían leer y había una clase de artes para distraer la mente en manualidades donde nunca tuve motricidad fina.

Cuba continuaba en mí, La Habana, Matanzas, Hoguín, Guaimaro... sus boleros y mis colegas poetas venían en la maleta. Un chileno atrapó mi atención y por diez días tuvo mi corazón. Como era de esperar, perdimos el contacto y yo me enfrenté de cara ese duelo sin un cuaderno. 


miércoles, 8 de julio de 2026

Las manos aún me huelen a trementina


 Este es apenas el borrador de una composición que empecé hoy. El azul predomina sobre lo demás. El pocillo sigue a medio concluir; sobre la mesa descansa un objeto que pocos lograrían distinguir. No sabemos si el café aún está caliente, pero sí que lo serví para ti.


lunes, 6 de julio de 2026

Akelarre

 

Las mujeres amigas muchas veces nos reunimos a tomar el algo, a tejer, a pintar, a compartir viajes, a soplar sueños o a comer alrededor de una mesa.

Cuando somos amigas desde niñas, nos hemos visto crecer como el magnolio que había en el colegio. Hubo un tiempo en que necesitó tratamiento porque su tronco estaba débil.

Así también nos hemos sostenido unas a otras, impidiendo que los vientos fuertes nos sacudan o que los huracanes se lleven aquello que tanto tiempo nos ha costado construir.

Los rituales hacen parte de nosotras. Cada una, a su ritmo, con sus alegrías o sus quebrantos, comparte lo que necesita decir y guarda en silencio aquello para lo que todavía no encuentra el momento preciso.

Hace unos días celebramos nuestro propio akelarre. Nos sentamos alrededor de las cartas y, entre símbolos, preguntas, risas y silencios, compartimos un tiempo que, más allá de cualquier interpretación, nos recordó el valor de la amistad, de la escucha y de esos pequeños rituales que sostienen una vida.

¿Y dónde están los niños?

 No es por la hora, estamos entresemana, no sé si están escondidos haciendo tareas, pero tampoco los he visto sacando a sus perros.  Son los...