Siempre fue mi primera lectora, desde que solía tomar mis diarios a escondidas cuando era apenas una adolescente, hasta cuando comencé a publicar mis primeros cuentos con Yurupary.
Jorge Barriga fue muy divertido para ella porque se trataba casi de una anécota de mi papá. El coleccionista de diablos si hacía alusión directamente a Jose, mi ex y Traía puesto un jardín fue una apuesta mucho más arriesgada.
Cuando gané la Beca de Creación Literaria, con Ciento Uno hace quince años ya, trabajaba con Andrés Bustamente, el corrector de estilo en el balcón de su casa y fue conmigo a la ceremonia de premiación, en la que me salté el saludo al Alcalde para ir directamente a agradecerle al jurado.
Solía preguntarme por Mario, y solía contestarle que era un amigo muy importante en mi vida que iba y venía, para el cual siempre fui solidaria e incondicional. Ella siempre supo que una parte de mí estaba enamorada de él, pero otra sentía que no estaba lista para... no sé qué.
Sufrió mucho mamá. La vida no fue injusta con ella, pero ella si fue injusta con su vida. Cuando debió avanzar se quedó estancada. Cuando debió seguir, miró al pasado. Cuando debió recuperarse, continuó fumando, esa era su manera expresa de manifestar su inconformidad con el mundo, sí, en volutas de soledad.
La añoro tanto que todas las noches antes de dormir agradezco a Dios por haberla tenido como madre. Quizás no era perfecta, quizás quiso enseñarnos algo a través de su experiencia humana, vivió el desapego y supo migrar los últimos años de su vida con la alegría que antes le había hecho falta. Porque sí, lloró, pero al final supo que ese llanto era innecesario y lo soltó como un globo hacia el infinito cielo.

¡Hermoso escrito Claus! Tan linda Carol, siempre la recordaremos <3
ResponderEliminarDani, gracias por tus visitas virtuales. No hay distancia. Y sí, las mamás siempre están presentes.
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