Cuando no me ves por aquí estoy concentrada en una novela, cuando vengo es también porque necesito respirar.
Llega la noche y mis anhelos se alegran con las cuartillas que logré hoy -- no muchas por cierto--, pero suficientes para ver un avance.
La almohada es testido de los suspiros de media noche cuando doy vueltas en la cama conversando con un personaje o discutendo la próxima escena.
Un encaje que nadie ve es un pretexto para despertar la sensualidad que en mí, sigue despierta.
Cada voz y cada escena se repiten buscando imperfecciones, buscando las secuencias correctas. Las ciudades cambian, son urbes llenas de luz con diferentes paisajes, en unas mar, en otras montañas.
El verde y el azul compiten por ser mi favorito y no puedo seleccionar a ninguno porque ambos me habitan. Tengo una manera particular de saltar del pasado al futuro y me cuesta mucho eso de estar en el presente por eso de estar siempre evocando o proyectando.
Quizás la manera más auténtica de anclarme al presente es venir a esta bitácora y narrar el día a día sin pretensiones de ninguna índule, con la esperanza quizás de que un lector se atreva a buscarme más allá de las imágenes con las que complemento mis textos.

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