viernes, 29 de mayo de 2026

Política

Digamos que regresó la lluvia, que el fenómeno del niño llorará un poco, que será remediable nuestro daño sobre la tierra. 

Si regreso la lluvia es porque quiere inundar mis pulmones secos, porque quiere retomar mis lágrimas, porque sabe que no se secarán mis risas porque confía en mí.

En momentos como estos donde el país está en vilo, es inaceptable no darle la cara ni el voto contra la corrupción en que nos ha sumido el último gobierno. 

Aquí se viene un racionamiento y fue por la falta de planeación de este gobierno corrupto que también destrozó nuestro sistema de salud. Nos secaremos todos. 

No sé como Paloma dice que en los primeros 100 días de su gobierno pretende arreglar este problema y que tantas falsas promesas nos hacen ellal y otros candidatos a un pueblo como nosotros, fatigado, casi desahuciado. 

El país está a la deriva, luchando, procurando tener fe porque somos un país católico. Se hacen cadenas de oración, los escrutinios estarán abiertos. Esperemos que se cierren para segunda vuelta. 


 

jueves, 28 de mayo de 2026

Árboles Arboleda




 El calor no deja dormir, las sábanas estorban, mi ventilador es ronco, no hay brisa, la sequía se acerca. Ayer soñé que sembrábamos árboles en la luna. Y luego pensé en todos los que cortamos día tras día. 

Necesitamos de nuestros pulmones externos. Hoy quiero ser raíz, tronco, sábila, hoja y fruto. Hoy quiero tener como alas las altas ramas y darle sombra a una tierra que arde. Necesito creer que protego en lugar e pensar que estoy en riesgo, que nadie vendrá a talarme, que vivo en un refugio.

Entonces pienso en la Tagua, esa semilla dura y blanca con la que tuve el privilegio de trabajar cuando la empresa donde estaba exportaba botones e importaba tagua para hacer los de madera. Esa palma africana solo da semillas tiene varios misterios, uno de ellos si no estoy mal es el de que dependiendo del género del árbol, se dan o no nuevas semillas.

Ceiba también quiero ser. La elegancia de este árbol seduce. Es como ver a un bonsai en gran tamaño. Siempre bien parado, respirando, sin agitar sus ramas, simplemente observando.

Nuestros amigos los árboles nos necesitan. 

Quizás pueda cambiarme el nombre por Árboles Arboleda para dejar en claro que honro mis raíces y también quiero protegerlas por eso desde años no publico en papel, comprometida con el medio ambiente. 


miércoles, 27 de mayo de 2026

Singapur, Gabo y Cartagena




Lo más lejos que he viajado es a Turquía. Asia es un continente fascinante que me atrae hace muchos años desde que me hice budista gracias al Lama Ole Nydhal y su esposa Hannah. 

Singapur fue una provincia británica y su geopolítica es estratégica. Sé que ojitos desde allá me leen con alguna frecuencia y les agradezco sus visitas.

Hoy quiero imaginarme transitando sus calles, disfrutando de su gastronomía, conversando en inglés con sus habitantes.

Encontré que la etimología del nombre de la ciudad significa Ciudad de los leones. Vi una fotogrofía del puerto y recordé cuando trabaja en el Puerto de Cartagena durante mis prácticas laborales. El mar, las olas, esas grúas imponentes, los RTG, los contenendores de veinte o cuarenta pies, el comercio, los cruceros... 

En Cartagena el atractivo está en la ciudad amurallada, en nuestras esmeraldas y por supuesto, en nuestro café.  

Sin embargo mi tesoro más grande es haber tenido la oportunidad de conocer y conversar con Gábriel García Márquez, nuestro Nobel colombiano. Él me dió valiosos consejos de escritura y por supuesto, con sus libros aprendí a viajar en mi propia cultura. La fotografía fue tomada en el 2009 con él leyendo el borrador de mi primera novela Ciento uno.

No se queden sin leerlo. Mi libro favorito suyo es El amor en los tiempos del colera, también está en película y la banda sonora es de Shakira.

Hay amores



martes, 26 de mayo de 2026

Mi cuerpo tu frontera


 Mi cuerpo es tu frontera. No podrás deslizarte a por mí. El pasado te condena, mi presente es mejor desde que ya no estás aquí. No te pienso no. ¿Entonces por qué escribo aún de ti? Olvidar también es recordar. Y muchas sendas mías transcurrieron contigo en mente. 

Quizás no te agradecí por lo que representaste en mi obra y en mi vida, pero es tarde e incluso es mejor así. 

A veces tus ojos o tu voz me llegan como un eco en sueños que elijo no contar. Sus palabras no siempre son dulces y siempre nos despedimos a pesar de que no puedo recordar dónde fue que nos encontramos.

Alguien me pide que levanté mi mano, que no mire al piso, que está bien ser mujer frontera. Que nada malo pasará. Que las amarguras también se irán. 

Precisa y clara

La misma mujer frente al obturador e intervenida quiere plantarse en sus ideas contando con la suerte de sentirse bendecida. 

Vestida de baldosín, confiesa observarte con alegría. También tiene frío, pero parece que no mucho. Hace un años usaba labial rojo así fuera para estar en casa y se desmaquillaba justo antes de las diez, después de las noticias que escuchaba sin ver.

Otro es el rostro intervenido con más fuerza que Tenue, con más descaro si se puede decir. Ya no piensa en su amigo porque ahora que lo piensa, siempre estuvo aquí.


 

Tenue

Casi no se ve. El obturador está empañado. Ella apenas si sonríe. Tiene frío. La calle es testigo. Sonríe para ti. Hace rato dejó la vergüenza y ahora te mira con cierto frenesí. Quiere descubrir si a ti también te gusta la vainilla y si la pides para el Latte que sueles tomar después del medio día. 

El obturador está empañado. Es mejor así. Contenida, busca la ternura como refugio y a todo prefiere decir Sí. La negación no hace parte de este momento de su vida porque se abren puertas y pondrá hasta el zapato para evitar que se cierren.

Casi olvida a alguien importante y justo ahora regresa su amistad para refrescarla. Un amigo de la adolescencia será siempre un amigo a pesar de cuántos años transcurran sin tener noticias el uno del otro. Es momento de desatrazarse, de contar sobre los hijos, de hablar sobre los viajes.

Las amistades no se empañan porque fragmentos del recuerdo las mantienen vivas en rinconcitos del alma. 
 

domingo, 24 de mayo de 2026

El ensayista


 Debí esconderme cuando estaba a tiempo. No permitir que su mirada me hiciera sonrojar Dejar que los libros me protegieran de su lectura de mí. Que los adornos se agruparan para hacer una muralla lo ajeno e impredecible que podría resultarme su tacto. 

No quiero decirle que me despierta curiosidad. Estoy en desventaja. Y no es que siempre lo haya estado. Es simplemente la manera como me siento al verlo concentrado leyendo su pasquín. 

Déjame pensar un poco. Sé muy bien lo que siento, pero es tan pronto que mis dudas son más que lógicas. Un hombre que acabo de ver en una librería, leyendo solo como yo, un pasquín de literatura donde un texto mío había salido publicado, me atrae.

 Sé que no me reconocería porque por suerte los pequeños autores gozamos del anónimato. 

No sé si me reconoció o fue atracción. Sé que hablaste primero y fuiste directo al grano:

—¿Viene con frecuencia? No la había visto por aquí. 

Sin duda se dirigía a mí. 

—Vengo con frecuencia, pero a horas que no es muy frecuentado.

—¿Y qué clase de literatura la atrae?

—(Una pregunta incisiva) Me gusta todo menos los ensayos y las crónicas.

—¿Por qué?

—Como lectora no estoy lista para ellos.

—Es una lástima. Soy ensayista. 

Por vientres de mariposas

 Necesito una dosis de montañas. Así tal cual puedo verlas desde mi ventana. Mi ciudad es verde y no precisamente por los parques. Aún encuentro Guayacanes y esa época del año es mi favorita cuando florecen amarillos, rosados, naranjas y escasamente uno blanco. 

Las aves no me despiertan porque suelo dormir hasta  más tarde del amanecer. Mis amigos lo saben así que mi teléfono no suena antes de las nueve. 

Cuando podía salir a caminar no lo hacía inventando excusas y ahora que no puedo es cuando quiero hacerlo. Poco a poco el equilibrio regresa. Dejé de quejarme y asumí el reto que mi propio cuerpo me exigía y lo hice con respeto.

Verde. ¡Qué tan bello color es el verde! 

Por eso amo las montañas, los árboles, sus hojas que se deslizan por vientres de mariposas. Mi cielo contrasta con este verde que amo. Las nubes parecen un dibujo al pastel, difuminado con el dedo porque no parece que exista densidad hoy en ellas. Transitan ligeras a una velocidad casi imperceptible mientras eligo decir que una se parece a una jirafa.



 

sábado, 23 de mayo de 2026

En peligro

Pies sobre las rocas, ni intento caminar, no puedo ponerme de pie, el camino es incierto. ¿Cómo llegué aquí? Quería esconderme y terminé atrapada frente al peñasco. No puedo moverme un centímetro más. Apoyada, busco la manera de regresar. Estoy muy lejos de la cabaña y gritar no me servirá de nada. ¿Será que estoy sonámbula?

Pronto linternas salen desde el bosque y grito
¡Aquí, aquí!

Estuve tan cerca que no soy consciente ni del propio peligro que represento. 

Debe ser difícil para él cuidar de mí. Cuando cree que apagamos la luz y que por fin es que vamos a dormir es cuando me enciendo, abro las cobijas, salgo de cama y cierro la puerta como si fuera mi manera de discutir. 





 

viernes, 22 de mayo de 2026

Volvamos a lo nuestro

 

Volvamos a lo nuestro. Tengo una fijación bonita. Las nubes ahora más que nunca llaman mi atención. Sí, sé que el calor es insoportable y que se va a poner peor. Pero volvamos a lo bonito, al frío que sí debe estar haciendo en el cielo, en las montañas, en nuestras coordilleras, en los páramos. 

Alguien me preguntó hace poco si el paisaje influía en la obra de un escritor. La pregunta me tomó por sorpresa, pero no dudé en responder que sí. 

Los paisajes interiores son los más bellos. Las búsquedas, las obsesiones, las lecturas que no están de moda y que nadie comenta en los clubes. 

Aquellos paisajes del alma donde todo puede ocurrir en un segundo y cambiar al siguiente. Así como mi entrada previa y ésta, la siguiente. Debes estar confundido. No, no lo hagas.

El sentido de las palabras muchas veces es que vienen del corazón y ese sí que no tiene claro sus sentidos. 

Una gotita de alegría


 Hay tristeza. Nostalgia. Saudade. Se añoran los padres que ya no están, los hijos que nunca llegaron, las lágrimas que no se atreven a caer. 

Saudade de ti. De nuestras tiempo vivo, de aquellos viajes sin preocuparnos por el futuro, disfrutanto el presente porque era lo único que teníamos certero.

Nostalgia por ti. Por ser uno más de los afectos que extradité de mi vida cuando yo soy la insoportable y no soporto hacer sufrir.

Tristeza que hoy merece el color como la vana esperanza de ser comprendida y escuchar con el corazón abierto lo que alguien tenga que decir. 

Sé que un dulce lector me dará ánimo y me dirá que puedo y espero no defraudarlo porque a los amigos no se les renuncia tan facilmente.

Mañana volveré al blanco y negro para esconderme más fácil, para ser menos obvia para ti. Mientras tanto dóname una gotita de alegría para levantar estos ánimos que  necesitan de ti.


jueves, 21 de mayo de 2026

Secreto

Me asomé apenas lo justo. Espiaba. Quería verte de espaldas mientras estabas concentrado trabajando. Sentiste que te miraba y diste la vuelta, pero me diste tiempo de esconderme. 

Ahora, ¿cómo me asomo? Quiero seguir observándote. Contarte mi último secreto. Denunciar un abuso de palabras sueltas. 

Tal vez sea buen momento para espantarte. Para gritar y ver tu reacción. 

Necia. sé qué me dirás. Y no podré volver a esconderme tras la pared porque querrás saber qué me pasa y por qué estoy tan alegre. Mi último secreto tiene que ver con ambos. ¿Te lo digo ya o espero otro momento? Mejor de una vez...

—Amor...seremos padres. 


 

miércoles, 20 de mayo de 2026

¿Qué haré con las horas?

Ayer al medio día, me levante tarde así que me salté el desayuno y esperé un poco para almorzar. La parranda de los vecinos casi no me deja dormir. Les respondí con ronquidos tanto y tantas veces que mi hijo tuvo que sacudirme para que dejara de hacerlo. ¿Pero si no es voluntario? Un ronquido es como un bostezo, solo que un poco más largo y por supuesto, más molesto y no es contagioso.

Ahora estoy tan despierta que no sé qué haré con las horas.

Hace tanto calor que estoy a punto de derretirme como una chocolatina. Ahora estuve entre Galgos y vi un periquito que no sabía volar mientras sus padres lo alimentaban y lo alentaban a hacerlo.

Mi hermana me regaló un vestido negro de puntos blancos precioso y ya quiero que sea mañana para lucirlo, aunque tengo fisioterapia y será mejor esperar a que sea para una ocasión especial, aunque qué más especial que disfrutarse uno mismo. 

Aquí estamos acostumbrados a salir en parejas o en grupos. Un amigo extranjero dijo extrañar los pubs podía sentarse en la barra y conversar y hasta establecer amistad con un completo desconocido. 

Sus horas deben ser más largas que las mías. 



 

domingo, 17 de mayo de 2026

Diálogo entre mundos



Te observo. Sé qué llevas puesto. En qué huso horario te encuentras. En qué vagón del tren y en qué silla estás sentado. Sé si el café que tomas es un expreso o un americano. 
Te veo inmerso en dos redes sociales simultáneamente. Escuchando la última canción de Shakira o viendo un reel de James Rodríguez. No fue de repente que Colombia cambió su percepción frente al mundo. García Márquez nos retrató en Macondo y la magia desde entonces también nos habita. 
Existen escritores que nos muestran como un pueblo desahuciado, hay otros que aún creen en el poder de la infancia y otros retratan la vejez con dignidad.
Estoy frente a mi ventana. De ti, no puedo esconderme. No quiero tampoco. Sí, también estoy tomando un café de mi tierra, sin azúcar como debe ser. Estamos en la mitad del domingo y aquí es festivo así que el fin de semana se siente largo, muy largo. No provoca cocinar, es mejor pedir un servicio a domicilio, pizza está bien. 
Sé que ya tienes que bajarte en tu estación, que nuestro diálogo terminó. Que esta breve ventana se cerrará pronto y que no sé en qué momento decidas regresar. Por lo pronto llévate la sensación de que una escritora del otro lado del mundo te observa atenta. 

sábado, 16 de mayo de 2026

Unos pies cómplices

Voy a leerte un cuento que comience por Nosotros. Te diré que la noche está tan caliente que provoca quitarse la ropa. Sin sábanas por favor. Entre nosotros hasta la piel estorba. 

Déjame contarte un cuento que me obligue a poner los lentes y murmurar las palabras para que solo tú puedas escucharlas. 

Que sea un cuento breve para que no te pierdas entre estrofas. Que sea un cuento dulce para que te empalagues mientras lo leo para ti. Que no necesariamente hable de besos ni te diga cariño ni cosas así. 

Te propongo más bien un cuento desnudo, con los pies doblados sobre la cama, con aquel críptico que pinté y que como todas mis obras, no sé dónde fue a parar. Que sean tus pies mis cómplices. Que te subas a la cama y me digas que es tarde, que cierre los cuentos así hablen de nosotros que para eso tenemos toda una vida. 
 

De libros y huellas


 Tenía el cabello largo. Presentaba El bróder en la librería Grámmata gracias a Planetalector. Era la secuela de Ciento uno. Antonio Jiménez continuaba devorando páginas. Ya no era una oveja inocente quien lo acompañaba, sino un lobo inquietante que lo conduciría a su final.

Después llegó la pandemia y mis títulos fueron objetados en algunos colegios por el tema, por hablar abiertamente del suicidio.

Compré ambos inventarios ingenuamente porque no podría venderlos mientras estuvieran bajo el sello de Planeta. No conservo ningún ejemplar de Ciento uno y sí muchos de El bróder, porque me resistí a que fueran vendidos en saldos o enviados a la guillotina.

La mayoría de los autores, por no decir todos, nos enfrentamos al olvido. Ese es nuestro destino. No importa qué tan importante pueda parecer una obra en el presente; trascender implica contar con la fortuna y la gracia de permear varias generaciones a través del arte. Y no se trata de haber sido el Nobel del año 84 o del 2025, solo por poner ejemplos. Los premios no son preseas. Son tan efímeros como todo lo demás.

Creo que los libros que escribimos no son los que dejan huella, sino las huellas que esos libros dejan en nosotros.


viernes, 15 de mayo de 2026

Con dominio propio


Búscame por mi nombre y me encontrarás.

Ya no solo estaré bajo la velocidad de las nubes. Te acompañará mi firma y como siempre, mi manera de mirar.


jueves, 14 de mayo de 2026

Ábrete sésamo


 Necesitas una pócima para el olvido. El desamor desgarró tus alas, sientes que ya no puedes volar. Busquemos una dosis propicia para cortar tu mala suerte. Veamos si un baño de sal te convendría. 

Siempre es lo mismo: lágrimas. Importa tanto lo que dijo como lo que no expresó. Tendré que abrir mi vademecúm de nigromancia una vez más.

¿Qué espíritu, osa despertarme a estás horas? 

Otra vez tú, papá.

-Te dije que no dejaste nada inconcluso, bueno, nada excepto a mí.




sábado, 9 de mayo de 2026

No vernos más

 

¿Por qué me miras así? ¿Tengo algo en la cara? Vas a pedirme algo, eso es. ¿Qué necesitas esta vez? No, no me digas que se trata de otro abrazo apretado. ¿si te lo acabo de dar? 

¡Ay estás mujeres!¿Estás segura de que no quieres otra cosa? Vamos, dilo ya. Quieres ir a cenar, es eso. Sabes bien que dadas nuestras circunstancias, no podemos exponer a ser vistos juntos en público. Ya te prometí que me iba a separar pronto.

No te creo siento que lo mejor es que no volvamos a vernos más.

¿Pero qué cosas dices mujer? No puedes estar hablando en serio. 

Me cansé de la penumbra, de los tragos a escondidas, de las voladas cuando o está tu mujer. Merezco más de lo que tienes para ofrecerme.

¿Te enamoraste de alguien más, dime, es eso?

Silencio.

También te volviste costumbre. No voy más.



Entre cargas y batallas


Todos cargamos con nuestras tristezas: algunos en la mochila, otras en el bolso y hay quienes las esconden en los bolsillos.

Están ahí, casi quietas, esperando que un pañuelo las moje o que un kleenex seque sus lágrimas.

Tienen la forma de un adiós.

Saben que el pasado es la carga más difícil de soportar.

Siempre la frase “y si hubiera…” martilla entre el corazón y la sien.

A veces se enmascara de alegría y todo fluye, todo es bello, pero la gran cicatriz sigue ahí: no cura, no sana. Quizás se trata de aprender a soltar, a dejar ir. 

Los síntomas son imposibles de soportar hasta que un médico muy humano te dice: aquí tratamos personas, no diagnósticos. Tus pequeños logros, son sus logros, y de veras se alegran de verte progresar.

Aunque el progreso pueda parecer lento, ya saliste de la cama, te diste una ducha y te confrontaste con el espejo mientras en lugar del negro, escoges camisa blanca.

Tal vez a tu espíritu le volvieron las ganas, quizás la derrota no está en tus batallas. 

martes, 5 de mayo de 2026

Cuándo no es quizás

 

Ya te dije que no. ¿Por qué insistes? Este día de madres no voy a pasarlo en la casa de tus padres. Siempre es lo mismo. Las festividades hay que pasarlas allá como si nosotros solos no fuéramos un hogar también.

No importa que María y Juan David vivan en el extranjero. No estamos solos porque el nido esté vacío. Mira los portarretratos, las fotos de infancia, las navidades compartidas.

Ah, ya sé, otra vez es tú mamá. ¡Ay caramba!

Pues bien, ve solo. 

No me hagas carita de perro abandonado. Ni así lograrás convencerme. Mira que traes la ficción encima y no pienso detenerme a este impulso narrativo. Debo contar que quieres obligarme a salir para que dejé el escritorio al menos un fin de semana. Lo siento,  no puedo ni quiero hacerlo. Estoy en inmersión. ¿Sabes qué significa la palabra INMERSIÓN? No, no, no se trata de meter la cabeza en un líquido, aunque sí, tengo la cabeza en algo. Vengo tramando...

Está bien, me convenciste. Quién quita que allá, con el cambio de ambiente se me ocurra algo para mi trama. 
—¿A qué hora me dijiste que salíamos, si era almuerzo o cena? 
No te he dicho.



lunes, 4 de mayo de 2026

¿Nos saltamos los lunes?

 


Mañana es martes... ¡qué alivio! La agenda de repente parece más liviana; sí, hay unas cuantas reuniones, mucho trabajo remoto, algunas videoconferencias, pero nada más.

La corbata quedó sobre el sofá; el abrigo en el comedor; el celular sobre la mesa, en modo vibración, y las luces apagadas todavía mientras llegas y eres tú quien enciende todo. El televisor sigue dormido, la biblioteca indispuesta, la cocina censurada y el bar... bueno, el bar: abierto. Un roncito no me caería mal.

Apenas comienza el mes y ya estoy pensando en si voy a lograr cumplir la cuota de ventas. Mayo es bueno, Día de Madres es comercial. Ahora nos toca la lotería de si se celebra en casa de tus padres o en la de los míos (a mí, la verdad, me da igual). No tuvimos hijos, así que no tengo que comprarte regalo, pero —como te digo, mi mamacita linda— te tengo acostumbrada a uno cada año. El lío es esconderlo sin que lo descubras primero. Creo que soy malo escondiendo cosas, o tú eres muy buena buscándolas.

Qué bueno que mañana es martes.

Hoy no quiero escuchar debates políticos ni termómetros de violencia. Damos tanta lástima que ni un show de cantantes logra abstraerme de mis cavilaciones contigo.

¿Por qué tardas?

Es el cuarto ron. Ah, dejé el celular sobre la mesa.

Dos llamadas perdidas.

Después de tantos años, aún se me acelera el corazón. Por algún motivo me gusta ser el último en llegar a casa, porque cuando llego antes pienso que te fuiste y me abandonaste para siempre.

—¿Dónde estás?

—En casa de Clara.

—¿Tardas?

—Un poco.

—Cuídate, ¿quieres?

Entonces pienso en todas las cosas malas que podrían pasarte de camino a casa. No sé por qué tengo esa compulsión, pero los lunes se acrecienta.

Necesito sentir que te pierdo menos.

O, al menos, no perderte antes de tiempo.



domingo, 3 de mayo de 2026

La costumbre de mirar

Que me diga alguien que no ha sentido curiosidad de asomarse por una ventana o una puerta, que no ha sentido ese impulso de ver adentro cómo está amoblada una casa. 

Las cosas no siempre se parecen a sus dueños. A veces pertencen a su pasado, pocas veces al futuro que sueñan. 

Quizás una ex dejó todo instalado, quizás no se ha atrevido a borrar esas huellas porque no lo ha superado o quizás perdió a un hijo y el duelo ha sido tan insoportable que arrojar sus pertenencias sería como defraudarlo.

Nunca se sabe lo que hay dentro. Si el mobiliario es rústico o moderno, si las lámparas son como pestañas o la biblioteca es tan pobre que los libros ni siquiera han sido abiertos.

El baño es el lugar más inaccesible a la mirada, el lugar que aloja toda la intimidad, aquello del uso diario que le permite reflejarse. El desodorante, las cremas, el chamú; el orden y su disposición. Que si hay gabetas, que si no las hay. Que si los medicamentos se guardan en esas gabetas o no. 

Los balcones también hablan de sus inquilinos, de si tienen una silla para recibir el sol y de si son sensibles a las plantas o prefieren no tenerlas para evitar responsabilidades y como viajan, asi no se preocupan por regarlas.

La cocina... oh si, la cocina. ¿Cuántos trastos en el lavaplatos? ¿Cucharas de madera o de acero? Vasos y copas de vidrio para los vinos del fin de semana. ¿Y si de veras le gusta el trago? Las copas o los vasos estarían expuestos por su pereza de lavarlos. 

Estamos hablando de un hombre que vive solo, por supuesto.

O eso parece desde afuera.

Porque las casas también saben guardar secretos: respiran en voz baja, esconden lo que no se nombra, sostienen presencias que no siempre se ven.

Y uno, desde la ventana ajena, apenas alcanza a rozar la superficie de una vida que late hacia adentro.

Miramos como quien toca un vidrio frío, intentando adivinar el calor del otro lado, pero hay puertas que no se abren con los ojos, sin embargo, insistimos. Como si en ese gesto —tan antiguo como la noche—se nos fuera, también, un poco de alma.

 

sábado, 2 de mayo de 2026

Un mojito


 Sonríe a ver si nos vamos de fiesta, que no importe el frío. Ponte tu mejor escote y regala ese tatuaje a la lluvia. Desnuda tu sinceridad y dime que también te gusto, que no sabes desde hace cuánto,  pero que también te gusto.

Vamos que al aguacero nos lleve al cine y pidas las crispetas dulces aunque a mí me gusten saladas. 

Déjame invitarte a un trago después, uno de esos largos para que nos dure la noche. Vamos a un bar con luces bajas y música en vivo. 

Rompe los tabúes y bésame primero. Dime algo al oído después. Fingiré no estar sorprendido y juro no decir que te llamaré después.

Que sean las tres, que sea una noche sin luna, sin estación, solo de lluvia. Sonríe otra vez para sentirme acaudalado. 

Pide un limón, pide sal, preparemos un mojito.

 

Soberbia

Dijo no necesitar a nadie. Dijo preferir estar sola. Argumentó que su mundo se había secado, que en él ya no cabían hombres. Manifestó estar inconforme con su pasado, dijo que no creía en los afectos del futuro. 

Alguien le dijo que dejara el trabajo, que cambiara de ciudad, que migrara, que olvidara sus raíces. ¿Cuáles? Si se iba, tampoco es que tuviera mucho a dónde regresar. Un par de amigas y nada más. 

Los fines de semana cada vez eran más grises, pero nadie notaba su tristeza. El lunes era una fiesta porque trabajar la mantenía lejos de sí misma. 

Ni una lágrima derramó jamás aunque todos los abandonos se sumaran. Estuvo en pleitos, era mediadora allí donde lo irreconcilibiable también podía darle paso a una tregua. 

En los juzgados a sus espaldas le decían "La vieja" y eso que era la más joven y también la más bella. Quizás ese era su problema.

 

Las pantuflas y el cojín

  Las flores sobre el cojín te van a devorar entera. Que no digas que no te lo advertí. Vamos, no me mires así, ese reojo no te luce, pregún...