Déjame contarte un cuento que me obligue a poner los lentes y murmurar las palabras para que solo tú puedas escucharlas.
Que sea un cuento breve para que no te pierdas entre estrofas. Que sea un cuento dulce para que te empalagues mientras lo leo para ti. Que no necesariamente hable de besos ni te diga cariño ni cosas así.
Te propongo más bien un cuento desnudo, con los pies doblados sobre la cama, con aquel críptico que pinté y que como todas mis obras, no sé dónde fue a parar. Que sean tus pies mis cómplices. Que te subas a la cama y me digas que es tarde, que cierre los cuentos así hablen de nosotros que para eso tenemos toda una vida.

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