Tenía el cabello largo. Presentaba El bróder en la librería Grámmata gracias a Planetalector. Era la secuela de Ciento uno. Antonio Jiménez continuaba devorando páginas. Ya no era una oveja inocente quien lo acompañaba, sino un lobo inquietante que lo conduciría a su final.
Creo que los libros que escribimos no son los que dejan huella, sino las huellas que esos libros dejan en nosotros.
sábado, 16 de mayo de 2026
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