lunes, 31 de agosto de 2026

La del cabello largo

Me detuve en una esquina a observar a una mujer de cabello largo que estaba en la librería que frecuento. Me imaginé jugando con su cabello y besándola en su cuello. Quería que sus ojos me miraran.

Ser anónimos, pero cómplices.

Me detuve en su sonrisa y noté que no era para mí. Un hombre la acompañaba y la llamó... dijo mi amor, sentí que mi sueño en despierto se desmoronaba.

Noté, sin embargo, que ella también me estaba mirando. Que disimulaba leer y que había dicho ya voy para dilatar el rato. Yo, el hombre del bigote, le había despertado curiosidad.

Cuando quise acercarme y presentarme, el hombre sin pronunciar su nombre siquiera, tomó su mano y se la llevó.

Solo tengo el recuerdo de su cabello largo y de la sonrisa que me regaló. 



 

Antonio

 

El líder se hace, no nace. 

Para gobernar un reino primero hay que gobernarse a sí mismo. Reconocer tus emociones, pensar antes de actuar. Ser coherente, vivir acorde a esa coherencia.

Antonio comenzó su emprendimiento con  una idea, era tan solo una idea, nada con qué obsesionarse, pero tampoco algo para compartir con cualquier persona.

Buscó ideas como la suya que ya se hubieran materializado y se sorprendió de encontrar que algunas se parecían pero su mirada era otra.

Contató dos personas para ponerse manos a la obra y ya su emprendimiento es ampliamente reconocido en la industria. Su intención nunca fue el poder como ambición, un camino que se labró el mismo. 




Pedro


Pedro está decidido a tomar un avión a Cartagena y su mujer le insiste en que debe ir por carretera. Así ella podrá acompañarlo, estar presente, volver al mar y asistir a todo lo que él necesita. 

Sin embargo él tiene asuntos pendientes que prefiere manejar solo. (Ojo que estamos incluyendo manejar y conducir en el mismo párrafo).

Esos asuntos no son solo son reuniones de trabajo, quiere verse con un amigo que no ve desde el colegio y coincidirán y ese reeencuentro lo tiene ilusionado. 

Su mujer insiste, en acompañarlo a ir por tierra y él se ve obligado a decirle:

No puedo mujer, así perdería un día y es con Julián que también quiero encontrarme. 

—¿Por qué no me lo dijiste desde un comienzo Te habría comprendido antes de hacerte tomar un bus.  Ve, y no ve diga más. El medio de transporte es lo de menos, lo importante es que sigas confiando en mí sin reparos. Ve y que tengas un buen viaje.

 

domingo, 30 de agosto de 2026

Sobre mi padre

Ahora sí, nos vamos con  la alegría. 

2012. Poco antes de morir su padre consciente de lo que ocurriría, su despedida era inevitable pero él le hizo prometerle que no se deprimiría.

No lo hizo.

Continuó celebrando su memoria y se permitió gozar de pequeños placeres como una sopa y un vaso de leche. Tuvo el coraje de seguir viviendo sin angustia, sin reproches, satisfecha de que se lo había dado todo y él también a ella.

La orfandad, sí la orfandad no la acompaña. Cada risa es una celebración a su memoria. Cada dolor una certeza de contar con su consejo y compañia. 

En su memoria escribió Papá, un plaquette, donde reunía textos como el Banco de alcobas, Templanza y Uno de tus días entre otros. 

Tan solo conserva un ejemplar, el suyo y ha de confesar que por un año entero lo leyó cada noche antes de ir a dormir y esa lectura lo mantenía vivo. Hoy el pequeño libro está tan desgastado por sus manos que quiere tanto su contenido como las huella que su tacto lo recuerdan. 

 
 

El piano abandonado

Era un regalo para mi hijo. Paso de la guitarra al piano y antes lo tocaba en clases. El profesor dijo que tenía fe en sus creaciones porque podían existir muchos interprétes pero pocos compositores y más a su edad con escasos ocho años.

La casa, llena de alegría cuando llegaba del colegio poseía todo tipo de matices y no me importaba que repitiera la melodía una y otra vez porque cada vez que lo hacía, le agregaba algo a la pieza que estaba componiendo. Cuando yo quería tocar la puerta para llevarle un refresco, me contestaba

—Ahora no mamá, ahora no.

Por desgracia su abuelo le compró un Xbox y pasó del teclado a los controles. No puedo escuchar su música y el mundo se perdió sus composiciones. 

sábado, 29 de agosto de 2026

Fuga


 Quiero pensarlo bien antes de darte una respuesta definitiva. No es sencillo ya ves. Fugarnos es una apuesta alocada sin duda, a dónde iríamos, de qué viviriamos, tu saxofón no nos daría sustento y yo no tengo contactos para promover mi fotografía. 

¿Por qué quieres que nos vayamos? Sé que nuestra sociedad es asfixiante, pero aquí estamos cómodos. ¿No?

¿Será que  puedo hacerte cambiar de idea?

¿Que sea yo la que elija el lugar destino? 

Donde puedan escucharte tocar por supuesto y no quiero que sea en una estación de un metro. Quiero una ciudad más cosmopolita que tenga bares abiertos las veinticuatro horas donde poder refugiarnos también y tomarnos un poco de cerveza. 

¿Cómo que no se diga más? Los Ángeles será. Con ese nombre de ciudad mi música llegará lejos y tú podrás fotografiar el mundo desde el cielo.

Nuestro cielo

Tenías que ser tú quien me despertara esta mañana. Soñar contigo casi siempre es una sensación agradable. Juego con mi mirada, buscando aún estrellas en nuestro cielo. 

Diría que desde que dijiste adiós me duele el cuerpo, pero no es así, como te llevo tatuado en el alma no dueles, permaneces.

A veces me siento a cuchichear contigo, en el baño, donde nadie puede escucharme, en especial mi hijo, creerá que tengo amoríos y no se equivoca.

Vuelvo a mirarte. Estás conmigo. Me alisto para ir al trabajo y la emisora sintoniza una canción que justo da contigo. ¡Qué baina esta de tener tantos recuerdos! 

Ojalá hoy me pienses un poquito, que despiertes también recordando nuestro cielo y añores cuando lo compartíamos o cuando lo devoráramos de a poquitos. 

viernes, 28 de agosto de 2026

El umbral del mar

El mar no puede filtrarse. Las olas no mueren en la orilla, mi vestido las recoge y las conviertte en flores. Los lentes son para no mirar el sol porque él si me está mirando y sabe qué partes de mi piel están tan expuestas a él que podría quemarme.

Santa Marta, 2018. Antes de ir a Aracataca, salí del aeropuerto con el fin de visitar primero el mar. 

Descalza, como debe ser, mojé mi vestido y solo mis lentes lo advirtieron. 

Un vendedor que por allí pasaba fue el encargado de retratarme. No sé si me hizo un favor o se lo hice yo a él. Una cachaca posando para un samario. ¡Véngame Dios!

Los azules, ¿pueden verlos? un barco con contenedores se alcanza a vislumbrar muy lejos. Prefiero la orilla, prefiero las olas. Mis pies descalzos intentan describir la temperatura que llega, la sal que se adhiere, el olor que expide el mar, aquella brisa...

Mal haría si este umbral hubiera perdido su color. 


 

Ruinas

El cielo se vino abajo.  Reconstruir tu mirada esta mañana durante el desayuno es un espejismo. ¿Qué haré sin tu risa, sin tus manos pequeñas y tu labial rojo? Basta decir que mi corazón está hecho trizas. No pude salvarte amor. No pude. ¿Cómo suponer que algo así ocurriría? Debí haber salido media hora después para compartir nuestro sino.

La noche es pálida. El frío está en mí. En otros ojos también habita el desamparo, pero no puedo evitar sentir que el mío es el más insoportable. Media hora antes y habría podido protegerte con mi abrazo.

La tierra nos está cobrando caro. Temo que continúe. Tantos niños, tantas madres sin ellos, tantos niños sin madre...

Las historias de mis libros nunca documentaron algo así, recuerdo pestes pero no catástrofes. Las sepultaron o fueron ruinas griegas y romanas, quizás el Vesubio también hiso lo suyo cuando de Pompeya todos quedaron calcinados.
Quizás no supe leer. Quizás no quise.

Ahora quien está arruinado es mi porvenir, que sin ella, no aguarda ningún sentido. 


jueves, 27 de agosto de 2026

Gabo era Piscis.

 

Gabo era Piscis. Una vez tuve la oportunidad de hacer un akelarre junto al mar como regalo para mi Tia Cecilia. A él asistieron amigas de mi tía y Gabo y Mercedes. Casi no lo creo porque lo vi llegar a la playa vestido de cachaco sin corbata. 

Preparé flores en canastas, velas y el ambiente no podía ser más mágico.

Cuando le llegó el turno a Gabo, me dijo:

Yo de ti no me dejo leer las cartas.

¿Por qué? 

Se ve que sabes. 

miércoles, 26 de agosto de 2026

Aspiraciones


 Se nos complicó la cosa. Carolina y Francisco trabajan en una fábrica textil. Se abrió un nuevo cargo directivo y la empresa antes de buscar por fuera quiere darle la oportunidad a alguno de sus empleados, los más calificados por supuesto. Así se ahorran tiempo en entrevistas, pruebas psicotécnicas y hasta visita domiciliaria. 

El cargo es una gerencia. Ambos tienen aspiraciones.

Francisco tiene más experiencia. Carolina más conocimiento, está formada acorde a la actualidad. 

Ambos tienen la aspiración puesta en ese cargo y para la empresa no es fácil elegir. 

-Francisco, llevas quince años con nosotros, conoces el  mercado mejor que nadie, los clientes te tienen gran aprecio y confianza. ¿Por qué quieres este cargo si te has desempeñado también en el actual?

—Precisamente. Creo que es mi momento

Carolina, ¿Llevas poco tiempo con nosotros, apenas hiciste la práctica profesional y cinco años de experiencia, qué te hace creer que eree idónea para el cargo? 

Conozco mejor que nadie las plataformas actuales, el mercadeo en redes, sé posicionar los nuevos productos y nuevas marcas.

Cómo no decepcionar a Francisco, sería arriesgado decidirse por Carolina

¿Cuál sería tu aspiración?

Estoy dispuesta

 

Rechazar o elegir. No pretendo besar tu pantalla, la beso... Estoy dispuesta a permitirte que busques en mis secretos. Son muchos, eso sí te advierto y sé que no estás preparado para verlos, nadie lo está, nadie imaginaría lo que he atravesado. La locura es parte de mi consigna, quizás por eso te contagié. 

Subir o bajar, tocar el cielo o arrastrarme por el inframundo, todo es posible en una sola vida y mi karma ha sido este. Que conste que el karma es individual por tanto, mentí cuando dije que te contagié. La locura no es contagiosa.

Puedo decirte que conozco los umbrales del delirio --como un libro que así titulé--, que soy tan frenética como vulnerable y que la balanza suele hacerle trampa a uno de mis pesos donde ninguno es liviano. 

He dicho demasiado y no he dicho nada.

Los secretos tienen esa costumbre: se asoman al borde de las palabras, pero rara vez aceptan ser nombrados. Lo demás pertenece al territorio donde ni siquiera la escritura puede acompañarme.


Justicia


 Mira que te lo digo, de nada sirve creer que uno puede tomar justicia por mano propia.  Sé que tu mujer te engañó con tu hermano, pero si  has de hacer un reclamo que sea a él. Sobre tu mujer... sabíamos cómo era antes de comprometerte. 

Suelta esa botella que el  licor no te ha servir. Aún tienes a tus hijos y por más adultos que estén, no querrían verte en estas circuntancias. ¿Qué qué les vas a decir? La verdad no estaría mal. Que juzguen a su madre como cada uno quiera. Lo importante es que tú no te derrumbes.

Que cómo sé yo de esto. Yo engañé. Durante dos años fingí ser el hombre de la casa cuando los momentos más felices eran los que estaba fuera. No digo con esto que esté justificando a tu mujer ni mucho menos. Pero la justicia llega, mira que mi mujer, sin enterarse si quiera, se fue de casa un día cualquiera. 

martes, 25 de agosto de 2026

¿Y el deseo?

¿Eres tú?.Soy. ¿Sonríes? Lo hago. ¿Te gusto? Mucho. ¿Por qué te sonrojas aún? No depende de mí.

Es caprichosa. Su deseo va y viene. No depende de quién, depende de cuándo. Las ansias despiertan un día y no quieren compartir el lecho nocturno con nadie. 

Su pecho añora los tiempos en que era refugio para sus amantes, sin embargo ya ningún mentón, ni ninguna barba logran atraerla  lo suficiente como para querer besarla. 

Tal vez comió demasiado. Fue glotona. Allí donde alguién aportaba una mirada ella depositaba una caricia. Y ahora... que el apetito parece haberse ido, ella duda, ya no es joven, no sabe si aún es atractiva para los hombres. Los de su edad no la atraen y los que tienen una exquisita conversación sobre libros y autores están más cerca de la muerte que de sus brazos.

 




 

lunes, 24 de agosto de 2026

Miguel



Miguel, parece que la cosecha no es como esperabas. Sembraste bien, el clima fue favorable, el abono fue justo y hasta le cantaste a las plantas mientras crecían cuando nadie podía verte.

Hay un precio justo para todo, y tendrás un comprador que sabe lo que vale tu esfuerzo. No te afanes, la primera oferta no es la mejor. A veces hay que dar un poquito más de espera. Créeme, con tanto trabajo y tiempo invertido, lo justo llega.

Eso sí, intenta cambiar esa cara.

Yo de ti, tomaría conservaría una semilla. No por necesidad, sino por intuición. Las tierras nuevas no avisan; aparecen cuando uno ya dejó de buscarlas.

domingo, 23 de agosto de 2026

Matilde

Matilde sé que estás confundida, que parece que te sientes atada y a ciegas, que todo duele y no es para menos.

Sé que un poco de té no será suficiente para calmar tus nervios y también sé que lo que me dices es verdad. Es natural sentirse así. Tus circunstancias, he de reconocerlo no son las más favorables.

Ya sea en el trabajo o en tu salud, atraviesas un momento complejo. No doy consejos, pero pregúntate si estás confiando en exceso en ti y no te dejas ayudar por otros. 

Debes ver...soltar esas amarras que te traes del pasado, anclarte al presente que es el único momento duradero. Matilde, escúchame. Podeos olvidar las malas costumbres. ¿Qué quieres que te desate primero: la venda o el cuerpo?
 

sábado, 22 de agosto de 2026

Notre-Dame


 Volvamos a París. Al día en que por ser misa de San Pedro y San Pablo, no me dejaron entrar. Tener que conformarme con sus jardines, por qué sí, fui durante el verano. No había tulipanes como en Holanda, pero su jardín era espléndido. 

El jorobado me hizo señas desde arriba para que subiera por unas escaleras hasta entonces, secretas y aunque dudé, tuve que seguirlo. Cada vez que él subía diez escalones, yo subía diez más. Tuve poco a poco miraba hacia el suelo y sentía que iba a resbalar. 

El jorobado no me hablaba, solo me hacía señas de que subiera más. Por un vitral me llevó Hasta un ático. Era donde el dormía. Tenía libros con ilustraciones con los que viajaba por el mar. 

Me ofreció un poco de queso y pan. No podía despreciar su generosidad. No sé por qué me eligió a mí, pero pude presenciar la misa en su compañia con el sonido de las campanas tras de ambos. 


Aquella chimenea

Necesito un poco de calor, que esta chimenea sea también un umbral hacia las historias que escuchaba cuando era niña, cuando asaba masmelos y el fuego se consumía lento. 

No sospechaba a lo que me enfrentaría con aquellos poemas ingenuos. Nunca lo fui. Era caprichosa, desbordada, capaz de decir adiós con la misma facilidad de decir sí. 

A veces mis padres me dejaban invitar a mi novio y nos quedabamos hasta mucho después de que el fuego se hubiera consumido. ¿Para qué necesitábamnos más?

Anhelo no haber consumido el amor como si se tratara de uno de esos masmelos.

 


 

viernes, 21 de agosto de 2026

Key West

 

No tengo muchas fotografías.

Tengo recuerdos. Fui con mis padres cuando tenía quince años y la literatura apenas comenzaba a abrirse paso en mí. De aquella casa me traje un ejemplar en inglés de The Old Man and the Sea. Primero fue mío; después pasó, intacto, a manos de mi sobrina cuando cumplió trece años.

Elena lee muchísimo en inglés y recibió el regalo con entusiasmo. Ya era hora de iniciarla en los clásicos, y qué mejor manera que con Hemingway.

La casa blanca, con su techo verde y aquella extravagante piscina, se vino conmigo hasta hoy, cuando decido recordarla. Todavía veo a los gatos merodeando por el jardín. Nunca supe quién los alimentaba, pero siempre que pienso en ellos termino en Estambul, donde los gatos caminan libres por las calles y los comerciantes les dejan agua y comida como si fueran vecinos de toda la vida.

Dicen que los gatos de Hemingway tenían seis dedos y que, quizá, parte de su suerte también se debía a ellos.

Busqué una fotografía suya y lo encontré sentado en una mecedora, con el bigote inconfundible y lo que podría ser una cerveza entre las manos, pensando tal vez en su próxima aventura, en la pesca o en la caza.

Su vida amorosa no me interesa. A los autores habría que respetarles su intimidad. Poco importa cuántas mujeres amaron o cuántos romances tuvieron, aunque muchas de sus obras hayan nacido de esas experiencias. Lo que sí me apasiona es la correspondencia entre escritores. Allí la literatura deja de ser un oficio para convertirse en una conversación. No se trata de discutir un personaje, sino de descubrir una manera de sentir, de mirar y de comprender el mundo.

La abundancia


 Abundancia. Muchos creemos que es cuestión de suerte, cuestión de alta alcurnia, trabajo duro y algunos, un poco de todas.

Manuel perdió su trabajo el mismo día que supo que iba a ser padre. Vivía en una ciudad nueva, se habían mudado hace poco, habían vendido todo, no había a dónde regresar. 

Ya no existían los empleos en el periódico y era torpe con internet. Un amigo de un amigo conocía de sus habilidades como mécanico automotriz y lo recomendó. 

Manuel era uno de esos hombres que tenía fe y su mujer también. Los primeros cuatro meses estuvo en casa. No fueron fáciles. Se levantaba a las cinco a escuchar las noticias e iba a la cama después de las once porque la preocupación no lo dejaba dormir.

No fue el amigo del amigo. Fue un vecino. Un jubilado. Lo veía caminar durante las mañanas muy ensimismado y preocupado.

No se atrevió a preguntar hasta que un día sin darle su nombre siquiera. Le preguntó el suyo. Y le dijo:

—¿Qué es lo que tanto le preocupa?

Estoy desempleado.

No diga, eso... piense que esta en tránsito entre empleos.

A Manuel le hizo gracia su comentario y se fue a casa con ello en mente. El tránsito duró un mes más. La abundancia apenas comenzaba.  




miércoles, 19 de agosto de 2026

Grundy Lake

 

El lago estaba tan frío que solo podía contemplarlo con mi mirada, la vegetacion se reflejaba en el agua y un grupo de pescadores lo atravesaba.

Siempre me pregunto en qué piensan los pescadores mientras hacen silencio para que un pez caiga su carnada. Escuché hablar de uno en particular que no se llevaba la pesca sino que regresaba con cuidado cada pez al agua. 

Mientras reman los observo y me pregunto si yo también podría tomar esa barca, si con tantas palabras sueltas podría guardar silencio o si por el contrario haría un jolgorio que ahuyentara a todos los peces de la comarca. 


martes, 18 de agosto de 2026

Montreal


 Reprobó el color. Se quedó en blanco y negro. Una, dos, tres casas...en realidad en color queda mucho más linda. La fotografía original la tomé en Canadá en 2007. Al frente de un parque, sobresalía por sus dulces fachadas, pintadas seguro por un artista.

Años después la encuentro en mi archivo y quiero traerla como un reflejo de la memoria. Como un lugar que visité y me hizo feliz, allí donde probé por primera vez la palabra libertad.

Lejos de la mirada de mis padres descubrí quién era yo. Espejos y museos me hablaban tanto del pasado que no podía evitar pensar en que jóvenes como yo también tuvieron que enfrentarse en algún momento a la aventura de ser ellos mismos. 

Ser yo, qué fácil suena, qué difícil es. Quizás aquella entrada me invitaba a descubrir qué había dentro. 

 

domingo, 16 de agosto de 2026

Colombia


 País herido, manos se aúnan, rescate es mucho más que una palabra.

Duele Colombia.

Ante la catástrofe somos Patria.

Amigos extranjeros se suman a la búsqueda.

Llegan víveres gracias a donaciones, solidaridad...

Un grito, un llanto, un ladrido, cada vida cuenta.

Muertos, desaparecidos, de veras que duele. 

Hogares. ¿Cómo reconstruye un hogar?


sábado, 15 de agosto de 2026

Minúsculo


 Abre la puerta mujer, mira que no es para tanto. Solo amanecí con los amigos... tú sabes, tomándome unos tragos. ¿Por qué me siento tan minúsculo? ¿O fuiste tú la que amplió la casa? ¿Tienes un amante gigante que no conozco...?

Abre ya. Estoy empapado. Qué sí, qué sí llovió. Claro que me di cuenta. No estaba tan borracho como para ignorarlo. ¿Qué sí Clarita? ¿Por qué siempre sacas a relucir a Clarita? Ella es pasado cariño, pasado. ¿Y los niños? ¿Cuáles niños? Los nuestros son adultos. Saben bien que tú eres quien lleva las riendas.

Vamos, no me dejes solito, perdóname tantico. No te prometo que no voy a volver a salir entresemana pero si puedo hacer el esfuerzo de llegar más tempranito.

Odio tus no a través de esta puerta. Quisiera que fuera otra vez chiquita para que en lugar de tu cantaleta, tus brazos me esperaran.

Mi propia vuelta al sol

Es díficil dar una vuelta al sol cuando muchos ya no podrán ver la luna. 

Sin embargo, tengo mucho que agradecerle a la vida por este último año. Aunque desde diciembre me diagnosticaron una enfermedad neurológica funcional, cada día me recupero más. Con disciplina pude recuperar mi equilibrio, gracias a Rubiela y la terapia vestibular. Gracias a Laura, Santiago, Miguel, y Julián, continúo aprendiendo a conocer las señales de mi cuerpo. Y sin Steven no lograría fortalecerme. 

Muchos amigos me han deseado una nueva y feliz vuelta al sol y espero que dentro de un año pueda decir que ya estoy del todo bien. Si no es así, habré aprendido a convivir conmigo de otra manera.

Mientras tanto, ya casi me causa risa no poder bajar unas escaleras ni una pendiente. Ya logro tomar unas escaleras eléctricas y me las ingenio cada vez que aparece una dificulad.

Para dar una nueva vuelta al sol hay que agradecer a los amigos que me acompañaron en esta. A los que no se rindieron, a los que oraron por mí, a mi familia, mi hijo, mis hermanas y mis amigas. Porque no se trata de un cumpleaños más, se trata de haber sobrevivido a la tormenta. 

Aún puedo mirar la luna y con eso basta. 


 

miércoles, 12 de agosto de 2026

Ciudad pálida


Ciudad pálida. En tres minutos vencida. Muros abajo. Escombros. Atrapados. Muertos y heridos. Hospitales insuficientes, colapsados. Madres sin niños. Dolor en cada esquina. Años de trabajo sepultados sin la esperanza de abrir sus puertas ¿cuáles puertas? Ciudades pálidas, capitales sombrías. Rescatistas con perros. Silencio para escuchar vidas atrapadas. ¡Maldita tierra! ¿Por qué tenías que despertar así? Apagaste sueños. 


 

domingo, 9 de agosto de 2026

Cuestión de hígado


 ¡Nos vamos ya! Un trago más dijiste hace una hora. Mira que ya hasta los del bar se fueron a dormir.  ¿Qué apenas termines esa media de ron? Ni riesgos. Si no vienes conmigo no tendrás quién te lleve a la oficina mañana y es bien dífícil conseguir taxi por aquí.

Una noche más. Siempre me convence de que serán solo unos pocos y me torturo creyendo que será así. Antes fumaba hasta que en todos los sitios prohibieron hacerlo y ni así, va al baño de caballeros y se pega una o dos pitaditas. Lo sé por el aliento que trae después y por ese olor en la ropa.

Sé que comienzo a lucir aburrida. Después de los cuarenta algunas son interesantes otras aburridas, yo pertenzco al segundo grupo. No me adapto a ningún costurero y soy pésima para pintar aunque el profesor se esmera. Intento escribir pero no me convenzo de ningún relato. Dudo de mí.

Y él... sigue bebiendo a pesar de mis reparos, a pesar de decirle que hígado solo hay uno y que no podré donarle el mío porque sé que seguirá bebiendo y ahí sí pailas. 

sábado, 8 de agosto de 2026

Be my guest

Breakfast is ready. Don’t be late. I hope you had a good night. Gnats are terrible this time of year, so that’s why I use candles in the rooms.

What are your plans for today?

I understand. You just want to look around. Be careful, though, because it will rain later.

Come on, have a good breakfast. You will need the energy to climb those mountains.

If you prefer to look for rivers, there is one nearby called The Rose and the Stone.

Go on. No more maple. Try the sweet snack. I swear you have never tried anything like this before.

Oh, no, no, no… You can’t go dressed like that. You need sunscreen. Wait a second. I’ll be right back.

—Ma’am… we’re running late.

—Right. Very right.

It’s a shame you’re leaving tonight. You’ll have lunch on the road, and I won’t be able to cook my beans for you.

I never make them promise to come back because they are nomads, and I know how they are

¿Mamá?


 Me pillaste, sigo aquí. 

Tomo una bocanada de aire y miro al cielo. Las nubes pasan tan lento que quisiera acelerarlas un poco para ver qué otras imágenes me permiten suponer. Por lo pronto solo veo la  península itálica. 

Voy a cambiar de escritorio, denme un minuto, aquí está mejor. Asalté el espacio de mi hijo mientras trabaja para colonizar su estudio. Tiene afiches de Star Wars, de Halo, de Iron Man y un ajedrez. Es coleccionista de cajas de zapatos. Sé que suena un poco inverosímil, pero así es, compra zapatos de marca y guarda hasta sus cajas.

Su calendario sigue en julio y tiene una pequeña consola para componer música. No me importa cuántas veces repita sus inicios de melodía. Son suyos y eso me basta.

¡Ay por Dios! Tiene un calidoscopio de una vez cuando niño que lo llevé al circo.

¿Qué haces aquí? Te he dicho que no me gusta que entres a mi estudio.

—Pero si fue solo un rato. ¿Por qué te enojas tanto? 

—Son mis cosas.

—Lo sé, solo extrañaba cuando las compartías conmigo.


viernes, 7 de agosto de 2026

Las escaleras

¿Subes o bajas? Ah, subimos. Parece que conoces el sitio  mejor que yo. Quizás me harás una visita guiada. Me dijiste que lo grandioso era el aire de campo y la vista de las montañas. No imaginé que iba a ser así. 

La cama si es king. ¿Tú la pediste? ¡Qué cosa con estas mujeres de ahora, hoy son ellas quienes toman la iniciativa! Una escapadita, creo que vale la pena después de tantas semanas de trabajo, pero mira que te advierto que los de la oficina no se pueden enterar. Eso sería lo peor que podría pasarnos. Te imaginas sus miradas, sus conversaciones de corrillo. La reprobación de jefe.

A esto último le tengo pánico. Nos la estamos jugando toda mujer. No sé por qué me dejé convencer de venir hasta aquí. No, no me relajo aunque el paisaje sea precioso. ¿Mirarte a ti? Sí siempre lo hago.

Me encanta cuando te sueltas el cabello y cuando me acaricias con él. Sí, ya voy a relajarme. Estamos juntos, es lo importante. Aunque, si no bajamos ya, nos vamos a perder la cena. 


 

miércoles, 5 de agosto de 2026

El jardín de mi abuela

Todos los jueves me encargo del jardín. Soy abuela. Mis nietos siempre me preguntan por qué lo hago tan temprano y por qué siempre luzco la misma bata mientras estoy en rulos frente a las flores. 

Lo aprendí... desde el jardín que teníamos en la casa de Barranquilla, allí estaba un patio al centro donde habitaba un gran árbol de guanábana que nos daba jugo todo el año. 

Alrededor crecían albaca y óregano. Alguna vez intenté con el cacao, pero no funcionó. En los corredores de la gran casa tenía colgados unos cuernos preciosos que regaba con la misma frecuencia, pero necesitaba de un pequeño escalón.

Usualmente, procuro que la fuente esté encendida para que las María Mulatas hagan parte de mi ritual. Cuando no puedo los jueves por alguna reunión con las amigas del Círculo de oración, madrugo a hacerlo los martes. 

Celebro cada flor, cada capullo, cada planta que se enreda en la pared.  

 Sé que las matas me esperan; que saben a qué hora llego; cuándo estoy lista con la manguera y cuando comienzan a cantar las María Mulatas.  

Los rulos también vienen conmigo desde Barranquilla, es la forma que utilizo para peinarme, parezco igual, pero no me repito. 


A recoger la ropa


 A ningún vecino le gusta lidiar con la vista, pero todos envidian la osadía de quienes se atreven a colgarla aunque el reglamento proteste.

Hoy me toca recogerla a mí y, honestamente, me da pereza. Preferiría continuar en el sofá con esta deliciosa cerveza, escuchando música de antaño.

—Sí, sí, ya voy. Qué no lo voy a dejar para más tarde.

—¿Quién no se levanta, mujer, con tanta cantaleta?

Sé que la camisa es la mía y que eres tú quien lava, trapea, cocina… y mi pequeña función, esta de la ropa, me fastidia.

No es porque todo lo tengas que hacer tú; más bien es porque no le tengo cariño a lo doméstico. Desde que me jubilé, lo único que disfruto son mis hábanos y jugar dominó con los compadres.

¿En qué momento se fueron treinta años?

Ya esta calvicie parece la de Popeye y, como no consumo espinacas, mis brazos son tan flácidos que no sé cómo me levanto de este sofá. Quizás por eso le tengo tanta pereza a eso de recoger la ropa; me obliga a levantarlos y me molesta.

Aquí está.

—¿Doblarla?

—Pero si los muchachos me están esperando.

—Podrán esperar media hora más.

—Vamos, apúrate, que no tengo el día. Aún hay mucho oficio por hacer.

Cuando ella se voltea y le saco la lengua.


lunes, 3 de agosto de 2026

La dama y el sombrero


 La tarde aún sostiene la luz sobre las paredes. Los transeúntes no van de prisa, no se anuncian las noticias del día ni se espera que una persona importante salga a dar un discurso desde el balcón. 

Sin embargo, un hombre de sombrero espera a su dama a la hora acostumbrada. Siempre eligen verse en público porque la intimidad los pondría en evidencia. 

Les basta mirarse para descubrir que quizás envidian a los turistas porque ellos pueden bañarse en el mar; él, en cambio, se baña en su mirada. 

Dicen que no habrá cambios, que para la Isla la confinación es su destino marcado. Para ellos, estar confinados es la mejor forma de libertad. De otro modo siempre habría un avión que tomar, una reunión esperando, un teléfono que siempre suena.

La poesía los embriaga. Ella es un poema. Él se quita el sombrero cada que se despiden, mientras ella le da su mano en el último segundo exhalando para que ese encuentro no sea el definitivo. 


domingo, 2 de agosto de 2026

Una caricia de hojas


 Tan solo una hoja. Una caricia. Una manera natural de decir te quiero. Atado al suelo, con tu mirada al cielo. ¿Qué es lo que debo aprender de ti?  Solo puedo caminar lento, me tiemblan las manos, tus ramas se balancean mientras el viento juega con tus cabellos.

No sé si me observas, si sabes que tu sombra me abraza, que gracias a ti respiro segura. 

Sé que te observo, que no puedo acercarme a tu tronco pero imagino las raíces que te sostienen frente  mí. 

Bendita seas tierra por conservarte así, no sé cuántos años llevas observando generaciones que no se detienen a contemplar tu aura, pero algo si es seguro: hoy eres importante para mí.



sábado, 1 de agosto de 2026

El estacionamiento

Aún hay un espacio libre. Podrás estacionar sin ningún inconveniente. Vamos, apaga el radio; mira que llegaremos tarde. ¿En qué torre me dijiste que era? ¿Qué piso? Sí, sí, sé que vine un par de veces, pero no me acuerdo.

Ten cuidado, mujer así no voy a poder abrir bien la puerta. Mejor retrocede y parquéate bien. Cinco minutos más no harán diferencia.

No sé por qué te dejo conducir siempre a ti. Será porque es sábado y entre semana cada uno sale por su cuenta. Hoy no iré a la oficina y honestamente preferiría hacerlo. Estas reuniones familiares me cuestan trabajo, siempre preguntan lo mismo, son las mismas aceitunas y jamones en la sala, no hay licor y para rematar: me la llevo pésimo con mi cuñado.

Debí haberme quedado dormido en el auto tan pronto estacionamos. 

 
 

¿Y dónde están los niños?

 No es por la hora, estamos entresemana, no sé si están escondidos haciendo tareas, pero tampoco los he visto sacando a sus perros.  Son los...