La casa, llena de alegría cuando llegaba del colegio poseía todo tipo de matices y no me importaba que repitiera la melodía una y otra vez porque cada vez que lo hacía, le agregaba algo a la pieza que estaba componiendo. Cuando yo quería tocar la puerta para llevarle un refresco, me contestaba
—Ahora no mamá, ahora no.
Por desgracia su abuelo le compró un Xbox y pasó del teclado a los controles. No puedo escuchar su música y el mundo se perdió sus composiciones.

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