El líder se hace, no nace.
Para gobernar un reino primero hay que gobernarse a sí mismo. Reconocer tus emociones, pensar antes de actuar. Ser coherente, vivir acorde a esa coherencia.
Antonio comenzó su emprendimiento con una idea, era tan solo una idea, nada con qué obsesionarse, pero tampoco algo para compartir con cualquier persona.
Buscó ideas como la suya que ya se hubieran materializado y se sorprendió de encontrar que algunas se parecían pero su mirada era otra.
Contató dos personas para ponerse manos a la obra y ya su emprendimiento es ampliamente reconocido en la industria. Su intención nunca fue el poder como ambición, un camino que se labró el mismo.

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