Ser anónimos, pero cómplices.
Me detuve en su sonrisa y noté que no era para mí. Un hombre la acompañaba y la llamó... dijo mi amor, sentí que mi sueño en despierto se desmoronaba.
Noté, sin embargo, que ella también me estaba mirando. Que disimulaba leer y que había dicho ya voy para dilatar el rato. Yo, el hombre del bigote, le había despertado curiosidad.
Cuando quise acercarme y presentarme, el hombre sin pronunciar su nombre siquiera, tomó su mano y se la llevó.
Solo tengo el recuerdo de su cabello largo y de la sonrisa que me regaló.

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