miércoles, 5 de agosto de 2026

El jardín de mi abuela

Todos los jueves me encargo del jardín. Soy abuela. Mis nietos siempre me preguntan por qué lo hago tan temprano y por qué siempre luzco la misma bata mientras estoy en rulos frente a las flores. 

Lo aprendí... desde el jardín que teníamos en la casa de Barranquilla, allí estaba un patio al centro donde habitaba un gran árbol de guanábana que nos daba jugo todo el año. 

Alrededor crecían albaca y óregano. Alguna vez intenté con el cacao, pero no funcionó. En los corredores de la gran casa tenía colgados unos cuernos preciosos que regaba con la misma frecuencia, pero necesitaba de un pequeño escalón.

Usualmente, procuro que la fuente esté encendida para que las María Mulatas hagan parte de mi ritual. Cuando no puedo los jueves por alguna reunión con las amigas del Círculo de oración, madrugo a hacerlo los martes. 

Celebro cada flor, cada capullo, cada planta que se enreda en la pared.  

 Sé que las matas me esperan; que saben a qué hora llego; cuándo estoy lista con la manguera y cuando comienzan a cantar las María Mulatas.  

Los rulos también vienen conmigo desde Barranquilla, es la forma que utilizo para peinarme, parezco igual, pero no me repito. 


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