¡Nos vamos ya! Un trago más dijiste hace una hora. Mira que ya hasta los del bar se fueron a dormir. ¿Qué apenas termines esa media de ron? Ni riesgos. Si no vienes conmigo no tendrás quién te lleve a la oficina mañana y es bien dífícil conseguir taxi por aquí.
Una noche más. Siempre me convence de que serán solo unos pocos y me torturo creyendo que será así. Antes fumaba hasta que en todos los sitios prohibieron hacerlo y ni así, va al baño de caballeros y se pega una o dos pitaditas. Lo sé por el aliento que trae después y por ese olor en la ropa.
Sé que comienzo a lucir aburrida. Después de los cuarenta algunas son interesantes otras aburridas, yo pertenzco al segundo grupo. No me adapto a ningún costurero y soy pésima para pintar aunque el profesor se esmera. Intento escribir pero no me convenzo de ningún relato. Dudo de mí.
Y él... sigue bebiendo a pesar de mis reparos, a pesar de decirle que hígado solo hay uno y que no podré donarle el mío porque sé que seguirá bebiendo y ahí sí pailas.

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