La tarde aún sostiene la luz sobre las paredes. Los transeúntes no van de prisa, no se anuncian las noticias del día ni se espera que una persona importante salga a dar un discurso desde el balcón.
Sin embargo, un hombre de sombrero espera a su dama a la hora acostumbrada. Siempre eligen verse en público porque la intimidad los pondría en evidencia.
Les basta mirarse para descubrir que quizás envidian a los turistas porque ellos pueden bañarse en el mar; él, en cambio, se baña en su mirada.
Dicen que no habrá cambios, que para la Isla la confinación es su destino marcado. Para ellos, estar confinados es la mejor forma de libertad. De otro modo siempre habría un avión que tomar, una reunión esperando, un teléfono que siempre suena.
La poesía los embriaga. Ella es un poema. Él se quita el sombrero cada que se despiden, mientras ella le da su mano en el último segundo exhalando para que ese encuentro no sea el definitivo.

Claudia, siempre es la poesía latente en tus narraciones. Gracias por compartir.
ResponderEliminarGracias a ti, por tu comentario. Hay lectores que pasan por aquí en silencio. Valoro mucho tus palabras.
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