Sin embargo, tengo mucho que agradecerle a la vida por este último año. Aunque desde diciembre me diagnosticaron una enfermedad neurológica funcional, cada día me recupero más. Con disciplina pude recuperar mi equilibrio, gracias a Rubiela y la terapia vestibular. Gracias a Laura, Santiago, Miguel, y Julián, continúo aprendiendo a conocer las señales de mi cuerpo. Y sin Steven no lograría fortalecerme.
Muchos amigos me han deseado una nueva y feliz vuelta al sol y espero que dentro de un año pueda decir que ya estoy del todo bien. Si no es así, habré aprendido a convivir conmigo de otra manera.
Mientras tanto, ya casi me causa risa no poder bajar unas escaleras ni una pendiente. Ya logro tomar unas escaleras eléctricas y me las ingenio cada vez que aparece una dificulad.
Para dar una nueva vuelta al sol hay que agradecer a los amigos que me acompañaron en esta. A los que no se rindieron, a los que oraron por mí, a mi familia, mi hijo, mis hermanas y mis amigas. Porque no se trata de un cumpleaños más, se trata de haber sobrevivido a la tormenta.
Aún puedo mirar la luna y con eso basta.

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