Rechazar o elegir. No pretendo besar tu pantalla, la beso... Estoy dispuesta a permitirte que busques en mis secretos. Son muchos, eso sí te advierto y sé que no estás preparado para verlos, nadie lo está, nadie imaginaría lo que he atravesado. La locura es parte de mi consigna, quizás por eso te contagié.
Subir o bajar, tocar el cielo o arrastrarme por el inframundo, todo es posible en una sola vida y mi karma ha sido este. Que conste que el karma es individual por tanto, mentí cuando dije que te contagié. La locura no es contagiosa.
Puedo decirte que conozco los umbrales del delirio --como un libro que así titulé--, que soy tan frenética como vulnerable y que la balanza suele hacerle trampa a uno de mis pesos donde ninguno es liviano.
He dicho demasiado y no he dicho nada.
Los secretos tienen esa costumbre: se asoman al borde de las palabras, pero rara vez aceptan ser nombrados. Lo demás pertenece al territorio donde ni siquiera la escritura puede acompañarme.

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