La noche es pálida. El frío está en mí. En otros ojos también habita el desamparo, pero no puedo evitar sentir que el mío es el más insoportable. Media hora antes y habría podido protegerte con mi abrazo.
La tierra nos está cobrando caro. Temo que continúe. Tantos niños, tantas madres sin ellos, tantos niños sin madre...
Las historias de mis libros nunca documentaron algo así, recuerdo pestes pero no catástrofes. Las sepultaron o fueron ruinas griegas y romanas, quizás el Vesubio también hiso lo suyo cuando de Pompeya todos quedaron calcinados.
Quizás no supe leer. Quizás no quise.
Ahora quien está arruinado es mi porvenir, que sin ella, no aguarda ningún sentido.

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