Es caprichosa. Su deseo va y viene. No depende de quién, depende de cuándo. Las ansias despiertan un día y no quieren compartir el lecho nocturno con nadie.
Su pecho añora los tiempos en que era refugio para sus amantes, sin embargo ya ningún mentón, ni ninguna barba logran atraerla lo suficiente como para querer besarla.
Tal vez comió demasiado. Fue glotona. Allí donde alguién aportaba una mirada ella depositaba una caricia. Y ahora... que el apetito parece haberse ido, ella duda, ya no es joven, no sabe si aún es atractiva para los hombres. Los de su edad no la atraen y los que tienen una exquisita conversación sobre libros y autores están más cerca de la muerte que de sus brazos.

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