Las aves no me despiertan porque suelo dormir hasta más tarde del amanecer. Mis amigos lo saben así que mi teléfono no suena antes de las nueve.
Cuando podía salir a caminar no lo hacía inventando excusas y ahora que no puedo es cuando quiero hacerlo. Poco a poco el equilibrio regresa. Dejé de quejarme y asumí el reto que mi propio cuerpo me exigía y lo hice con respeto.
Verde. ¡Qué tan bello color es el verde!
Por eso amo las montañas, los árboles, sus hojas que se deslizan por vientres de mariposas. Mi cielo contrasta con este verde que amo. Las nubes parecen un dibujo al pastel, difuminado con el dedo porque no parece que exista densidad hoy en ellas. Transitan ligeras a una velocidad casi imperceptible mientras eligo decir que una se parece a una jirafa.

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