El calor no deja dormir, las sábanas estorban, mi ventilador es ronco, no hay brisa, la sequía se acerca. Ayer soñé que sembrábamos árboles en la luna. Y luego pensé en todos los que cortamos día tras día.
Necesitamos de nuestros pulmones externos. Hoy quiero ser raíz, tronco, sábila, hoja y fruto. Hoy quiero tener como alas las altas ramas y darle sombra a una tierra que arde. Necesito creer que protego en lugar e pensar que estoy en riesgo, que nadie vendrá a talarme, que vivo en un refugio.
Entonces pienso en la Tagua, esa semilla dura y blanca con la que tuve el privilegio de trabajar cuando la empresa donde estaba exportaba botones e importaba tagua para hacer los de madera. Esa palma africana solo da semillas tiene varios misterios, uno de ellos si no estoy mal es el de que dependiendo del género del árbol, se dan o no nuevas semillas.
Ceiba también quiero ser. La elegancia de este árbol seduce. Es como ver a un bonsai en gran tamaño. Siempre bien parado, respirando, sin agitar sus ramas, simplemente observando.
Nuestros amigos los árboles nos necesitan.
Quizás pueda cambiarme el nombre por Árboles Arboleda para dejar en claro que honro mis raíces y también quiero protegerlas por eso desde años no publico en papel, comprometida con el medio ambiente.

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