sábado, 7 de marzo de 2026

Cosmo de nuevo


 Dicen que cuando tu perro te mira directamente a los ojos te expresa cuánto te ama. ¿Cómo le digo que adoro sus expresiones, su pelo, su ronquido e incluso sus ya insipientes ladridos y su tierna manera de sentarse? ¿Cómo le digo que ya no me importa que sea yo quién tenga que subirlo y bajarlo de la cama?

Sé que sus once años para mí son pocos y que para él son mucho más de la mitad de su vida. 

Es tan paciente que no me afana para dar un paseo. Aunque sean dos o tres, sabe que no le fallo aunque prácticamente en la unidad solo exista asfalto y la grama sea un bien codiciado. 

Come tres veces al día y dos concentrados, el húmedo y el seco. No puedo darle cuido seco porque no se lo come con su manjar de carne o de pollo, creo que le gusta más el de carne porque es más jugoso, el de pollo es más seco y sus cuadritos no convencen tanto a su olfato.

La última vez que tuve que ausentarme de casa me reconoció al instante aunque ya vea solo por un solo ojo y sospechemos que se está quedando sordo. 

Como buen pug duerme a tu lado, a veces sobre tu cabeza, a veces sobre tus pies. Y cuando hace frío se hace camino entre tus cobijas para sentirse abrigado. Puede tener uno o más amos porque su amor se multiplica cuando es necesario.

Mi hijo suele decirme que cuando Cosmo se vaya otro pug vendrá de nuevo y me niego, rotundamente me niego. Jamás habrá dos como él y aunque quizás algún día pueda abrirle mi corazón a uno más este peludo me robó el corazón y habita mi alma.

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