Ya olvidé cuando fue la última vez que me dejé caer sobre la grama con los ojos cerrados, solo respirando el cielo, porque sí, el cielo se puede respirar.
A veces pienso que soy una nube, que los roles se invirtieron y que seré yo quien decida llover, bastarían un par de lágrimas para inundar una comarca.
No necesito pensar en ti para volver a mí. ¿Cómo es eso? A veces me obsesiona tu ausencia. Dejarme caer es una manera de rendirme sin doblegarme. Recordar tu amistad con gozo, no pensar en lo que pudo ser.
Volver a la grama, volver al cielo, ser hoja, ser nube y dejar que hasta las hormigas o los aviones se me atraviesen o se posen sobre mí.

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