Buenas tardes. El gusto es mío. Permítame presentarme. ¿Ya me conocía? No recuerdo de dónde. Creí que el sombrero era para ocultar mi identidad no para evidenciarme.
Podemos hablar un momento por favor. Tengo una confesión que hacerle. No me gustan los entierros. Por eso no vengo discreta, prefiero ser la comidilla que de de qué hablar. ¨Viste a fulana cómo se presentó en las exequias" "No debió ir vestida así" "Es un descaro".
Y es que me gusta respetar a los muertos, que en realidad nadie los llore ni se preocupen por ellos, están en una mejor vida. Al menos mejor que en la mía.
Presento mis disculpas con mi escote abierto y el collar de perlas dispuesto para la ocasión. La viuda se escandaliza y se pregunta a está quién la invitó.
Señora, soy una de las plañineras pero no vengo a llorar, vengo a hacer de su entierro un poquito más ameno.

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