sábado, 3 de octubre de 2026

Recordando a Venus


 

 

Su nombre es Venus. La conocí en una clase de diseño. Se hacía al frente, a la derecha, casi en la puerta; como para salir rápido, pero nunca se fue antes de terminar la clase. Tampoco interrumpía para ir y volver por un tente en pie, tan necesario en ese bloque de las tres. Rara vez miraba hacia atrás. Ponía atención de una manera adorable. No alzaba la mano ni hacía preguntas. Rayaba en su cuaderno notas que, desde mi puesto, era imposible acceder. Más de una vez tuve la intención de mirar qué hacía, pero cuando me aproximaba cerraba el cuaderno y miraba hacia otro lado. Llegué a pensar que le caía mal; que me veía como uno de esos fracasados de segundo año y que su objetivo eran los de cuarto o quinto. Los viernes la veía llegar y tomar el mismo asiento. Sus notas no eran malas porque el profesor acostumbraba a entregar los exámenes de mejor a peor y su nombre siempre estaba en los primeros. Me intrigaba esta mujer. Su nombre Venus le quedaba y me moría por hacerle un retrato. El problema es que ella no sabía de mí, no sabía siquiera que estudiaba también fotografía y demás que ni sabía mi nombre. Un viernes, sin embargo, madrugué a hacer algunas imágenes en un cementerio y salí derecho con unos compañeros para un billar. Nos bebimos lo que tenían en cerveza; roja, dorada y negra, las Club Colombia me dieron el valor que hacía falta para llegar prendido a clase y sentarme... en su puesto. Ese día llevé la cámara a clase. Esperé hasta que comenzaron a ocupar los demás asientos. El profesor traía los parciales. Ella, llegó tarde...

Cuando me vio en su puesto se asustó. Ya el salón estaba lleno y algunos eran más o menos conscientes de lo que estaba pasando. Entonces el profe comenzó a entregar los exámenes. Dijo dos nombres mientras ella seguía en la puerta. Dijo el suyo, ella se apuró, recogió la nota, se volteó a mirarme… me levantó el hombro que llevaba desnudo, le tomé la foto y se marchó.

No volvió a clase. Me volví a sentar en el que era su puesto y me sorprendí al ver mi nombre, tallado en uno de los bordes.

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