miércoles, 14 de octubre de 2026

Voraz bancarrota

Las deudas la tienen hasta el cuello. Las compras compulsivas se suman en su tarjeta de crédito. No tiene marido a quién acudir y ya sus amigas le han dado la mano tantas veces que al ver que no tenía remedio la dejaron a la deriva en sus visitas a los centros comerciales.

Compra joyas, vestidos que se cuelgan en el clóset mientras otros no han sido estrenados, perfumes porque no le gusta tener solo una fragancia. Zapatos, por Dios, ¡Zapatos! Y no cualquiera, tienen que ser de marca. 

Su salario es el mínimo y es obvio que la nevera ya está vacía. Come huevo con arroz todos los días y parece no importarle. Toma limonadas y no le puede faltar eso sí, la leche y el café. En la oficina presume de todos sus atuendos y los compañeros dejaron de impresionarse porque ya se hace vieja y su cintura no es la de antes. 

Hace poco le embargaron el salario antes de que pudiera solicitar un préstamo. La casa es propia, pero no quiere venderla aunque le va a tocar, sí, le va a tocar. Quizás podría arrendar una pieza e irse bandeando poco a poco, un universitario podría ser, así no coincidirían mucho aunque se avergonzaría cada vez que él abriera la nevera.

Está en bancarrota. Comienza a vender uno a uno sus vestidos en línea por un precio mucho menor de lo que le costó adquirirlos. Se deprime. Nada que hacer, ya está. Necesita un flotador y a difícil que va a ser encontrarlo. 

 

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