Compra joyas, vestidos que se cuelgan en el clóset mientras otros no han sido estrenados, perfumes porque no le gusta tener solo una fragancia. Zapatos, por Dios, ¡Zapatos! Y no cualquiera, tienen que ser de marca.
Su salario es el mínimo y es obvio que la nevera ya está vacía. Come huevo con arroz todos los días y parece no importarle. Toma limonadas y no le puede faltar eso sí, la leche y el café. En la oficina presume de todos sus atuendos y los compañeros dejaron de impresionarse porque ya se hace vieja y su cintura no es la de antes.
Hace poco le embargaron el salario antes de que pudiera solicitar un préstamo. La casa es propia, pero no quiere venderla aunque le va a tocar, sí, le va a tocar. Quizás podría arrendar una pieza e irse bandeando poco a poco, un universitario podría ser, así no coincidirían mucho aunque se avergonzaría cada vez que él abriera la nevera.
Está en bancarrota. Comienza a vender uno a uno sus vestidos en línea por un precio mucho menor de lo que le costó adquirirlos. Se deprime. Nada que hacer, ya está. Necesita un flotador y a difícil que va a ser encontrarlo.

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