Después de un tiempo dedicado exclusivamente a mis libros, he decidido abrir de nuevo un espacio selecto de consulta de Tarot. Solo atenderé dos sesiones por día.
La soledad me captura sentada en una mecedora, con las cartas del tarot esparcidas en el piso, sin reverencia alguna. Quizás desdeñando algo de mi pasado. Quizás reclamándole a la vida aquello que no pudo predecir para mi misma.
Ayer tomé las acuarelas y pinté una libélula y un mar. Parecen dibujos de niña: un poco surrealistas, un poco torpes, llenos de emoción.
Luego recogí las cartas y las acomodé sobre mi regazo. Con ternura tomé una y sonreí al encontrar a El Loco, anunciando las aventuras que todavía me esperan.
No vi romances.
Vi letras.
Una reconciliación con la mujer que creí silenciada.
Vi rostros, miradas, palabras. Y muchas preguntas. Porque antes que respuestas, el tarot ha sido para mí una forma de escuchar.
Después de muchos años, sigo encontrando en sus símbolos un lenguaje capaz de iluminar aquello que aún no sabemos nombrar.
Por eso he decidido volver.
Te espero

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