Con un proyecto a corto plazo. Con vivir fuera de la ciudad. Con mi cabello largo y lacio de nuevo. Cerca del parque de un pueblo en Oriente.
Si me permitiera soñar como quien dibuja un proyecto. No estaría mal ¿cierto?
No habrían de importarme el silencio ni la soledad porque a ambas de alguna manera estoy acostumbrada.
Ya no existiría el ruido urbano ni la contaminación ni los calores extenuantes. Me sometería a un cambio, a soltar mis apegos, a expandirme más allá de mis propios límites.
Podría regalarme espacio para aprender muchas cosas nuevas desde lavar mi propia ropa hasta no usar el ascensor y subir caminando por las escalas.
Pero primero señores, debo recuperarme de este transtorno neurológico para volver a contar con la libertad de caminar por calles adoquinadas y de hacer llamadas solo cuando las considere necesarias. Sin más visitas que las aves en mi ventana.

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