El paisaje me abruma tanto que no encuentro placer en sus acartonados ladrillos. Preguntarme cuándo fue construido o por quién no me despiertan curiosidad alguna.
Quizás una araña o una lagartija o escalandolo, sí... así como la paloma que se posa esporádicamente sobre él. Entonces ya deja de ser un muro con tejado para ser una casa.
No veo arañas ni lagartijas, es de día y deben estar escondidas. No sé que las separa del muro y el tejado, quizas sea mi perro y mi presencia.

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