La piscina no sería climatizada y el frío posiblemente ya tendría mis dedos arrugados. Como un cocodrilo te asecharía como presa. Lento, sin afan, esperando que lanzaras el flotador para hacerte caer al agua con él.
Una vez dentro, tú vestido aún, te enojarías conmigo y por desgracia no podríamos llorar de la risa porque ni tú ni yo, lo notaríamos.
Habría sido más fácil si te amarraras la soga al cuerpo para no perder el equilibrio en la orilla y no caer en mis fauces desesperadas.
Sabrías que probar un bocado tuyo no habría sido suficiente porque ya había probado tus labios y aunque en un principio me hubieran resultado insípidos, me terminaron gustando.

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