Los sábados siempre traigo ganas, despierto tarde, mi almuerzo también es desayuno, tomo mis pastillas de la mañana y reviso el celular que durante la noche no estuvo en modo avión pero si me llevo a hacer un peaje por las nubes.
El silencio de mi habitación solo se interrumpe con los ronquidos de mi perro. Está viejo y me niego a reconocerlo. Ayer era un cachorro. Me vio madurar y también sufrir.
Pero basta ya de sufrimientos, aquí no hay lágrimas, no sé toleran las amarguras, para eso ya hubo tiempo y es pretérito.
Te regalo mis flores y mi mirada atenta. No sabemos si el destino nos tenga programada una cita, y si para aquel encuentro estemos preparados.
Yo diré que llevaré puesto mi jardín y tú lo notarás de inmediato.

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